Santa María, Madre de Dios – Sello de la Eternidad

Santa María, Madre de Dios – Sello de la Eternidad

Hay celebraciones que no solo marcan el calendario, sino que sellan el corazón del creyente.

 El 1 de enero no es simplemente el primer día del año: es la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, una epifanía silenciosa en la que el tiempo mismo se inclina ante el misterio de una mujer que llevó en su vientre al Eterno.

Mientras el mundo mira hacia adelante entre promesas humanas y ruido exterior, la Iglesia vuelve la mirada hacia lo más hondo: María, la Madre. El umbral donde Dios tomó carne.

Porque hay amaneceres que no nacen del sol, sino del Espíritu. Y María es el primero de todos: el aliento inicial del Verbo hecho carne, pronunciado desde el seno purísimo de una Virgen. En ella, la eternidad encontró un rostro. En su silencio, el cielo aprendió a latir en la historia.

Fue en el Concilio de Éfeso, en el año 431, cuando la Iglesia proclamó con ternura firme una verdad que nace de la fe vivida: Theotokos, Madre de Dios. No como un título honorífico, sino como una realidad mística. Aquel a quien ella alimentó, acunó y besó no era otro que el Hijo eterno del Padre. Y en ese gesto cotidiano de amor, Dios se dejó tocar.

Este misterio no es solo teológico: es entrañable. María no es únicamente la madre de Jesús; es la Madre de Dios y, por Él, madre nuestra. Celebrarla así no la eleva por encima del pueblo fiel, sino que la revela como la primera creyente, la que dijo sí al Amor antes de comprenderlo del todo.

Su maternidad es puente, no barrera. Es abrazo, no altura.

Y porque es Madre, María permanece. Acompaña el paso de nuestros días, intercede cuando faltan las fuerzas y nos recuerda —sin palabras— que la ternura de Dios tiene rostro humano. Que Dios eligió nacer en el calor de una mujer sencilla, sellando para siempre su alianza con la humanidad. 

 

                              “Hágase en mí según tu palabra.”

                                                        ( Lucas 1,38)

 

                       💫  Epifane · Sello materno del principio

En Epifane, tejemos inicios con hilos de eternidad. Bajo el amparo de María, cada creación nace como un susurro del Verbo hecho ternura.

Que tu año comience como comenzó la redención: en el vientre oculto del Amor, donde nada se pierde, donde todo es bendecido.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros en cada comienzo y en cada final.

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